La Fundación Gypaetus sabe que la trashumancia y la ganadería extensiva contribuyen a la conservación de la biodiversidad y de las tradiciones y profesiones del medio rural; quiere que el sector haga suya la ambiciosa iniciativa de recuperar el quebrantahuesos para los cielos andaluces y pretende involucrarse en las tareas cotidianas del colectivo ganadero para mejorar el conocimiento de sus inquietudes y dificultades y arrimar el hombro en la medida de lo posible.
La actividad trashumante cuenta hoy con ganaderos incondicionales que mueven a su ganado por las vías pecuarias, salvando obstáculos, lamentando dificultades y asistiendo a las modificaciones del paisaje rural aunque conscientes de la contribución a la conservación del patrimonio natural e inmaterial. Una vez más la Fundación Gypaetus vivió de cerca la aventura de los pastores que dirigen a su cabaña hacia pastos óptimos. Manuel del Barco les acompañó en un viaje que quedó resumido en dos capítulos, este es el último, de su cuaderno de campo.
La trashumancia en Jaén con la Fundación Gypaetus.
DÍA 2
El rebaño es vigilado de día y de noche por los pastores y por perros mastines. Los perros mastines, desde muy antiguo, han sido un componente clave para la defensa del ganado frente a los predadores silvestres. Tras la desaparición del lobo, muchos ganaderos decidieron eliminar a los mastines de los rebaños pensando que ya no había peligro pero, muy lejos de ello y aun no siendo un gran predador, actualmente el zorro ocasiona algunas bajas en los rebaños, sobre todo en las parideras y principalmente a aquellos que dejan a los corderos pastar con el rebaño o a aquellos rebaños que no tienen mastines. Para Eustaquio y Domingo sus mastines son sus ojos y los protectores del ganado. Con su presencia el zorro no se atreve a entrar, no obstante, cuando sus ovejas van a parir permanecen encerradas en las naves para evitar riesgos.
Antes de que amanezca nos ponemos en marcha. Eustaquio ha reunido el rebaño y todo está preparado para la segunda jornada de trashumancia. Esta vez bajamos por la “Cuesta de Hornos el viejo” y pasamos por “Los Saleros” para descansar cerca de Cañada Morales, en un lugar llamado la “Tinada de Cañada Morales” o el “Ejido de la Tinada”.
Durante el trayecto comprobamos cómo las vías pecuarias no son respetadas, encontrando otro problema añadido a la dureza del camino: una carretera ha sido trazada por el lugar por donde el ganado tiene que pasar, así que hay que tener mucho más cuidado e ir parando a los vehículos para que dejen paso al rebaño. Durante nuestro trayecto esto ocurre en múltiples ocasiones y Eustaquio recuerda como hace unos años un vehículo no respetó la señalización de la vía pecuaria y arrolló al rebaño causando la baja de 5 ovejas y de un perro carea y poniendo en peligro la vida de los pastores que tuvieron que saltar a la cuneta para no ser arrollados.
En “la Tinada de Cañada Morales” y repuestas las fuerzas, decidimos continuar con nuestro camino ¡y qué camino! Por delante, la “Cuesta de Cañada Morales” hasta llegar a la “Cruz de los nudos” y a partir de ahí, un llaneo y un descenso hasta nuestro refugio nocturno de la “Hoya de los caballeros”. En la cuesta, los animales empiezan por primera vez a mostrar signos de cansancio y es un problema pues, en el lugar donde estamos, no hay posibilidad de recoger al animal y montarlo en el coche por lo que debe quedarse atrás y ser recogido por algún otro pastor que pase por ahí.
DÍA 3
Comienza pronto y, como siempre, con el rebaño preparado por Eustaquio y dispuesto para la marcha. Este día sufrimos la baja de una oveja que, al parecer, sufrió un tirón muscular y no pudo mover los cuartos traseros. Decidimos montarla en el remolque y seguir la marcha con el resto. Poco después de la partida, comprobamos que algunas de las ovejas cojean, algo normal al principio ya que sus patas están aún frías y el camino pasa factura.
Hoy pasamos por La lancha, posteriormente nos enfrentamos a un paso que ya, desde el primer día, los ganaderos advertían de su dificultad para el ganado y para las personas. A continuación paramos en el “Collado de Juan Santilla” y bajamos por la “Cuesta de los pozos” hasta nuestro campamento de la tarde, ya en campiña: “el Cornicabral”, en el polígono industrial de Beas de Segura.

Los Portillos
Efectivamente “Los Portillos” tiene fama merecida. Es un paso estrecho, con fuertes pendientes, con peligro de despeño para el ganado y, lo que es peor, para las personas. En el interior existe una pendiente muy pronunciada por donde bajamos “a rastra culo”. Las ovejas ahí dan saltos de un metro y medio y hay que estar pendientes para que no se desorienten porque sería casi imposible volver a integrarlas en el rebaño.
Pasado “Los Portillos” sólo queda un paso complicado, esta vez por su estrechez: la “Cuesta de los Pozos”. Ya metidos en un mosaico mixto de cultivos de olivar, cereal y monte, comprobamos como aquí la vía pecuaria es atacada por todos los flancos. Alambradas de espino, algunas de ellas rotas, un peligro para el ganado y los pastores; también el estrechamiento de la vía debido a su mala conservación y construcciones dentro de la misma. El respeto por el dominio público es escaso y no sólo eso, es igualmente escasa la solidaridad hacia aquellas personas que realizan un esfuerzo tan grande para mantener su forma de vida y tradiciones que, poco a poco, van desapareciendo.

Grupo de ovejas atrapado por una alambrada
DÍA 4
En nuestro último día de trayecto salimos, como siempre, muy temprano y con el pensamiento puesto en el punto de destino, la finca de Pedro Tito en Santisteban del Puerto. Debíamos atravesar el río Guadalimar a la altura del “Puente Mocho” después, pasar por “Campo Redondo”, “Los Campillos”, comer en el collado de Castellar y transcurrir más tarde por la vega de Castellar, hasta la finca.
Se levantó un día soleado aunque algo frío y después de atravesar dos rotondas en Beas de Segura, entramos en la vereda de “Campo Redondo”. Está deslindada y señalizada por lo que no es difícil saber por dónde tienes que ir. Días atrás los cordeles no estaban señalizados y nuestra guía era el conocimiento de los que ya habían pasado y la intuición del que desconocía el trayecto.
Las vías pecuarias se dividen, en función de la importancia que tienen y de su anchura, en cañadas reales (75 m de anchura), cordeles (38m de anchura) y veredas (21 m de anchura). La expedición pasó por cuatro vías pecuarias: el cordel de “Hoya Herreros”, el cordel de “Hornos el Viejo”, la vereda de “Puente Mocho” y la vereda de “Campo Redondo-Santisteban del Puerto”.

Puente romano con seis arcos
Pronto estábamos sobre “el Puente Mocho”, un puente romano de cien metros de longitud y 6 arcos, situado sobre el río Guadalimar entre los términos municipales de Chiclana de Segura y Beas de Segura y paso obligado para el ganado hacia la vereda de Campo redondo.
Pasamos Campo Redondo y Los Campillos por el centro urbano creando una gran expectación, para el almuerzo nos esperaba una grata sorpresa junto con algunos conocidos de nuestros compañeros de trayecto. Humeaba un guiso caliente preparado por ellos mismos, que con todo gusto supimos hacerle honor. Es extraordinario el ambiente que se crea entorno a los ganaderos trashumantes y es lógico que a medida que nos acercamos a nuestro destino, los conocidos sean más y el ambiente entorno al rebaño crezca pues amigos y familiares de la otra mitad estacional de sus vidas, están esperando su llegada.

Con la familia, a la llegada
Nos acercábamos al final del trayecto, el sol se ponía y había que llegar antes de anochecer. Con paso firme y por la vega de Castellar, un punto donde la vía pecuaria guarda en mayor medida sus características y dimensiones, aceleramos el paso y un poco antes de oscurecer el rebaño llegó al lugar donde pastarán durante siete meses, un lugar muy diferente donde permanecen los cinco meses restantes.
Dejaron los nutritivos pastos de la abrupta alta montaña de Santiago de la Espada, para pacer tranquilamente sobre los salientes pastos de las despejadas dehesas de Sierra Morena. Bellotas, gramíneas, leguminosas y, en general, una gran variedad de especies de plantas son las que ahora mantienen a una cabaña de 30.000 ovejas que, con sus bajas, alimentan a muchas especies de aves necrófagas (buitre leonado, alimoche, quebrantahuesos, cuervo, corneja, urraca, etc.) y que ahora, en su nueva estancia, alimentan a éstas y a otras especies como el buitre negro. Mientras tanto, el quebrantahuesos mira de reojo desde sus zonas de campeo de alta montaña, el regreso de los trashumantes que consigo llevan tradición, cultura y centenares de años de duros caminos recorridos, esperando que esa costumbre no se extinga y así puedan compartir ambos un futuro prometedor.
AGRADECIMIENTOS

Tono, liberado en Andalucía en 2006
La Fundación Gypaetus agradece a Eustaquio García, Domingo López (padre) y Domingo López (hijo) su buena disposición a nuestra participación en sus jornadas de trashumancia. A Eustaquio en particular su amabilidad y el haber compartido conversaciones que estoy seguro que serán de gran interés para la ganadería y para el futuro del quebrantahuesos. A Domingo López (hijo), agradezco la segunda noche de acampada que nos hizo tener un gran tercer día de trashumancia y a Emilio también por su compañía y porque me ha demostrado que es un pastor excepcional, así como albañil, electricista… También a todas aquellas personas que he conocido en el trayecto, que han sido muchas, y que me han permitido contarles brevemente cual es el cometido de nuestro trabajo y la problemática que conlleva la conservación del quebrantahuesos en Andalucía.
















