Pájaros en la cabeza. Ana B.GarcÃa.
Amanece en Cazorla y, con las primeras luces del dÃa, nos dirigimos rumbo a la sierra. Nuestra intención, rastrear los cortados y pedregales que han disfrutado últimamente de las caricias de Blimunda, Tranco y Hortelano.
Por una pequeña senda de cabras, acompañados del silencio y de nuestros pensamientos, llegamos hasta una zona desde donde logramos tener unas impresionantes vistas del Tranco del Lobo. No hubo de pasar mucho tiempo desde que llegáramos hasta poder distinguir la silueta y el plumaje de un quebrantahuesos. Allà estaba, posado sobre una repisa, acicalándose, esperando los primeros rayos de sol de la mañana.
La incertidumbre por no saber de quién se trata hace que todos nuestros sentidos estén centrados en un único objetivo: identificar al ejemplar. Unos, atentos a sus movimientos; otros, mientras tanto, seguÃamos rastreando las paredes y barrancos casi sin pestañear. Estábamos de suerte… aunque casi totalmente camuflado por su oscuro plumaje, otro individuo es localizado en una covacha: ¿serÃa Tranco?, ¿Blimunda?, ¿Hortelano, quizás? La curiosidad nos invade aún más aunque pronto, el secreto mejor guardado del Tranco del Lobo nos es revelado; el primer individuo salta, se lanza al vacÃo y abre sus enormes alas, mostrándonos sus plumas decoloradas en el ala izquierda.
Se trata de Hortelano, un macho de quebrantahuesos liberado en el año 2010. Éste se dirige hacia el lugar donde está el otro individuo posado, quien viéndolo venir, se anima a alzar el vuelo dejándonos ver su marcada ala derecha. Es Blimunda, una hembra de quebrantahuesos liberada igualmente en el 2010. Juntos, y para el deleite de los presentes, vuelan trazando elegantes cruces en el aire durante unos minutos. Interponiéndose entre ellos danzan buitres leonados. Blimunda, cansada del baile, se retira hasta alcanzar una cueva desde donde divisar el espectáculo. Hortelano, que no tarda en seguirla, se posa en el mismo lugar muy cerca de ella; pero, no mucho tiempo después, vuelve a dejarse caer, coge altura y desaparece tras los cerros del Tranco del Lobo. Blimunda permanecerÃa inmutable, aún durante un tiempo, arreglando sus plumas para finalmente desaparecer como un espejismo ante nuestros ojos.
Tras la función, la emoción se apodera de nosotros y sobre nuestros pasos, regresamos a Cazorla con nuestros pájaros en la cabeza…

Esta entrada tiene 0 comentarios.