Pero lo hacen a máquina y a razón (las jornadas más fuertes) de hasta 1400 ovejas por día. Es la cuadrilla de esquiladores que, desde abril a julio, prepararon para el verano la cabaña ovina de Huéscar, Castril y Puebla de Don Fadrique, pueblos cercanos al Parque Natural de la Sierra de Castril, refugio favorito de los quebrantahuesos liberados por el Programa de Reintroducción Andaluz. Jessica Bernabé con los esquiladores

Sobre las montañas infranqueables, de pronunciados barrancos y cortados vertiginosos del Parque Natural de la Sierra de Castril,  campeaban por esos días Tono y Malena. Tono, el quebrantahuesos viajero, pasa su primer verano desde 2007 bajo cielo andaluz.  Este ejemplar de quebrantahuesos ha cumplido 5 años. Acaba de entrar en la fase de “adulto imperfecto” (5 y 6 años de edad) y ha sido avistado “en compañía”.

Tono vuela junto a Malena, una hembra joven liberada en 2009. Se les ha visto en vuelo, posados, interaccionar y retirarse juntos para pasar la noche. “Este año Tono, no volverá a Pirineos”, afirmaba Juan Francisco Ruiz Alba, técnico de seguimiento de la Fundación Gypaetus.

“Tono, en el verano de 2011, cambió el frescor pirenaico (allí ha pasado los veranos desde 2007 y hasta allí ha viajado en 5 ocasiones para regresar a su zona de liberación) por el “calor” de Malena” y así quedará registrado en los cuadernos de campo del Programa de Reintroducción del Quebrantahuesos en Andalucía. Un proyecto que, a la vista de los acontecimientos, se adentra en una de sus fases más ilusionantes: la reproducción en libertad de los ejemplares reintroducidos y el nacimiento del primer quebrantahuesos en la Naturaleza. Pasarán años hasta ese momento; la madurez sexual del quebrantahuesos se alcanza entre los 6 y 8 años y Tono tiene 5 pero Malena, 2. No obstante, hay referencias de madurez adelantada y reproducción temprana entre parejas silvestres que hacen albergar esperanzas…Sierra de Castril

Mari Carmen, (Mari)  cambió su residencia de invierno en Fátima (Castril-Granada) por la de verano, próxima al paraje de los Hoyos del Moreno. Subió hasta “la casa de la Sierra” con su marido, Gregorio, sus gemelas de 15 años, el hijo mayor del matrimonio de 17  y con más de quinientas cabras de raza blanca andaluza. Procuran alejar a su rebaño de las altas temperaturas del estío, sobre todo durante la temporada de cría.

Mari recuerda, emocionada, los días del Campo de Voluntariado celebrado en Castril en agosto del año pasado. Los voluntarios, evoca, llegaban al cortijo terminada la jornada de seguimiento de los quebrantahuesos liberados en la cueva de las Canalejas para compartir cenas, risas, historias serranas y todo, bajo un cielo limpio de estrellas ajeno a la contaminación lumínica urbana.

“Nos dejaron un gran vacío cuando se marcharon” relata Mari a la vez que lamenta que este año la liberación de quebrantahuesos haya sido suspendida tras la muerte por veneno de dos de ellos en la zona. “El verano no será lo mismo sin los voluntarios” añade Mari, y subraya su oposición inicial hacia el voluntariado y hacia el proyecto. “Hay que conocer las cosas para valorarlas”, sentencia y “hoy sé que los pájaros (en referencia a los quebrantahuesos) no hacen daño y da gusto verlos volar por la sierra”.

Su hijo, un adolescente de 17 años que asume (porque es lo que hay, aclara su madre) que tiene que pasar sus vacaciones de verano en un cortijo sin las comodidades de Fátima y pastoreando en la alta montaña, vio un quebrantahuesos volando a cinco metros sobre su cabeza. Mari está entusiasmada con la idea de la pareja Tono-Malena y asegura que el primer quebrantahuesos nacido silvestre lo hará allí porque es el lugar preferido por ellos. “Tengo el pálpito” dice esta mujer que vio nacer casi 400 chotos por esos días y esperó que el acontecimiento terminara para dedicarse a pintar sobre tela y cerámica…
Manu, Gregorio y Mari Carmen

Entre tanto en Almicerán seguían cardando lana que, en esta ocasión y después de varios años sin rentabilizarla, vendieron a 25 ctms de € el kilo.
La cuadrilla, cinco esquiladores y tres hombres más atando ovejas y retirando lana, recibió con agrado al personal de la Fundación Gypaetus. Acudieron en su ayuda Jessica, Juan Francisco y Manuel. En ocasiones anteriores también colaboraron los dos voluntarios del programa europeo en el que participa la Fundación. Nicolás (Francia) e Iris (Bélgica)  y tres alumnos en prácticas: Claudia (Italia) del programa educativo Leonardo da Vinci, Ana (Málaga) estudia en la Universidad de Granada un máster en Conservación, gestión y restauración de la biodiversidad  y Antonio se prepara en el Centro de Capacitación y experimentación forestal de Vadillo-Castril (Cazorla-Jaén).

Manuel se ha encargado este año de la temporada de esquileo para todo el ganado de la zona. Los ganaderos desplazaron a sus ovejas hasta un punto determinado y allí les retiraron la lana crecida durante todo el invierno. Manuel es la segunda generación de esquiladores de su familia y desde hace más de 40 años se dedica a este duro oficio que enseñan padres a hijos; aunque su hijo, Francis, tercera generación de esquiladores, asegura que lo ha aprendido solo, “de observar en campañas anteriores”.

Francis tiene 19 años y pronto será padre. En su vocabulario no existen ni redes sociales, ni  ciberespacio, ni nada que tenga que ver con las nuevas tecnologías de la Información y la Comunicación. Sus destrezas son otras y maneja con soltura la máquina de esquilar que llegó para agilizar el proceso porque su padre, no hace demasiado tiempo, todavía pelaba con tijera.

De vez en cuando (el trabajo sólo se detiene para sacar y meter nuevas ovejas en el cortijo) bromea con Raúl, otro joven más o menos de su edad y esquilador también que revela el secreto para el mejor resultado: “inmovilizar al animal entrecruzándole las patas que se esposan con unos grilletes durante el proceso. La máquina pasa primero por el cuello, baja por la paletilla, después el jamón, a continuación el costillar y por último el rabo”. Los movimientos son rápidos y decisivos y ayudado por sus piernas el “cliente” permanece quieto hasta que la empresa finaliza, unos cinco minutos después si la lana no está demasiado sucia y enredada.

En otra “sección” del cortijo está Manuel con 15 años de experiencia a sus espaldas como esquilador, 30 años como vendimiador en Francia, 6 años de albañil en Suiza, recolector de almendra, de aceituna, marido y padre de dos hijos que dejaron el mundo rural en busca de dedicaciones urbanas. Manuel es hijo de pastor y se lamenta de las lumbares los primeros días de la temporada. Ahora cuando está a punto de acabar, los achaques están superados. Manuel no se queja del salario, entre 80 y 90 € diarios ni de la dureza del oficio que lo mantiene en la misma postura, flexionado, entre 10 y 12 horas al día.

esquilando

Jessica, Juan Francisco y Manuel apoyan a la cuadrilla siguiendo las instrucciones de Manuel; colaboran descargando ligeramente de trabajo a sus operarios que agradecen sus esfuerzos, los valoran, reciben información del Programa de Reintroducción del Quebrantahuesos, de los riesgos y peligros de amenazas como el uso ilegal de cebos envenenados y afinan su mirada para disfrutar, con suerte, del vuelo del quebrantahuesos por sus montañas.

La temporada de esquileo 2011 ha finalizado. Ganaderos como Francisco, uno de los pocos jóvenes asentados en su pueblo y dedicado junto a su hermano a esta actividad, trasladaró a su rebaño (unas 600 cabezas) hasta las zonas más altas donde se conservan frescos los pastos. Manuel viajará hasta Alicante para la campaña de la almendra, Sergio acudirá a la oficina de empleo y como él otros compañeros que alternarán trabajos temporales con prestaciones por desempleo y todos sabrán que como ellos, el quebrantahuesos también intenta sobrevivir en su territorio.

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